La Globalización y la Tecnología

Buenos Aires, Junio de 2003

La Globalización es una política de apertura indiscriminada de mercados en virtud de la cual se tiende a que todos los países abran sus mercados y compitan en aparente igualdad de condiciones.

La globalización ha sido un proceso de múltiples facetas que trajo aparejado beneficios extraordinarios como ser, por ejemplo el acceso a la información.

La ideología del libre mercado, atribuida a Adam Smith, se basa en que la motivación del beneficio genera fuerzas de mercado que dirigen la economía a resultados eficientes como si la llevara una mano invisible.

En una primera instancia los países industrializados desarrollaron sus economías sobre la base de la protección selectiva e inteligente de alguna de sus industrias hasta que se sintieran lo suficientemente fuertes como para competir con empresas extranjeras.

En el plano económico, la política de globalización se basó en las llamadas premisas del Consenso de Washington basadas en liberalizar las barreras comerciales, liberalizar el mercado de capitales y privatizar las empresas del estado.

Hoy el Mundo es Globalización o encierro.

El encierro de un país en sus propias fronteras no conducirá a un ideal de país, pero la apertura global indiscriminada es un peligroso juego que hay que jugar con inteligencia y magnanimidad.

El principio directamente asociado a la globalización es que los países exitosos son los netamente excedentarios y exportadores. Es decir aquellos que en la gran aldea saquen mejor rédito económico de las transacciones que realicen.

Pero hete aquí, que la balanza comercial del Mundo, tomando a ese Mundo como un todo, es cero.

Es decir, todo lo que un país importa y paga es porque hay otro país que lo exporta y cobra, de tal manera que, cuando se hacen las grandes sumas, el resultado es cero.

Para que este juego sea posible y justo, los países deberían ser alternativamente exportadores e importadores de tal manera de que lo que gastan en un período lo recuperen en otro.

Es justamente la tecnología lo que no deja que esto sea así.

Salvo raras excepciones, los países más desarrollados tecnológicamente son definidamente exportadores por lo cual sus balanzas comerciales siempre son positivas condenando a los demás al fracaso.

En mi opinión, para países como los Latinomaericanos, un efecto directo de la globalización es que permite a los países más desarrollados operar en los mercados de los países menos desarrollados, acentuando generalmente la dependencia tecnológica.

Esto solamente es evitable, si estos países, a pesar del entorno de dependencia financiera en el que viven en la actualidad, logran aplicar políticas estratégicas que lo contrarresten.

Dado que en buena medida, la tecnología de un país logra posicionar bien su balanza comercial, dichos países o bien los agentes económicos que transan esa tecnología son reacios a transferirla.

Como consecuencia de este proceso de celosa guarda, el planteo actual de la Globalización no permite la alternancia del resultado de las balanzas comerciales.

Es decir, el hecho de que la tecnología de un país genere capital y que el capital genere más tecnología exportable, hace casi imposible a los países dependientes lograr balanzas comerciales positivas.

De tal manera, quedaría casi demostrado, que este planteo produce países ganadores y países perdedores.

Así resulta que este modelo de desarrollo es inmoral y esta inmoralidad radica en el planteo de un modelo comercial de igualdad, justicia y libertad cuando los agentes de la economía que se enfrentan son tecnológicamente incomparables y financieramente dependientes.

¡Cómo plantear un esquema de desarrollo económico a escala mundial y en nombre de la libertad, la justicia y la igualdad, cuando podría haber países crónicamente perdedores!

Un país perdedor en este esquema, no resulta perdedor en un juego de mesa, resulta perdedor en la salud y hasta en la vida de su gente, en la desnutrición de sus niños, en el desamparo de sus mayores y en muchas otras desgracias para sus pueblos.

Otro aspecto de inequidad de este modelo de globalización radica en los aspectos impositivos.

En la economía de cualquier país existe una política fiscal progresiva que grava con impuestos a las ganancias a los agentes que más se beneficiaron en las transacciones económicas, para luego ser distribuidos entre los agentes que no tuvieron tanto éxito.

Actualmente, las prédicas del Consenso de Washington, imponen a los países subdesarrollados la liberalización del mercado de capitales.

Si se globaliza la economía y los capitales deben tener libre retorno hacia sus países de origen de las ganancias que obtuvieron en otros países menos desarrollados, entonces, ¿cómo es posible que no se globalice la imposición y se distribuya parte de lo recaudado por los países ganadores entre los países perdedores?

Es decir que las ganancias que las empresas transnacionales generan fuera de sus países de origen, son evadidas en los paraísos fiscales o bien tributadas en sus países de origen.

Esta asimetría en la tributación, da suficientes recursos fiscales a los países desarrollados como para ostentar una asistencia social, un nivel de seguridad y un nivel de educación, mostrada como un ejemplo a seguir por los países más pobres.

Aquí es menester realizar una autocrítica y ella es, que nuestros países, aún generando estos recursos, probablemente los aplicarían mal o dilapidarían por las limitaciones de nuestro comportamiento social y los altos niveles de corrupción. Nuestros comportamientos sociales constituyen un agravante de las consecuencias de la manifiesta desigualdad del modelo global.

El requerimiento de esta globalización de la imposición ya ha sido planteado tibiamente en foros internacionales. Sin embargo, todavía ello no ha sido aprobado por los creadores de este modelo.

Por todo lo expuesto, y ya que México debe participar en la Globalización, debe hacerlo con inteligencia y magnanimidad.

Inteligencia para ganar en esta puja económica tan difícil y con tantos condicionamientos.

Magnanimidad para, llegado el caso, estar dispuesto a colaborar humanitariamente con los países perdedores.

Pero,¿cómo lograr ser triunfadores en este esquema global cuando la tecnología comenzó antes en otras zonas del globo terráqueo y nuestras riquezas ayudaron a formarlas?

En este sentido, sabemos que Captec está más desarrollado en otros países y más preparado para ganar esta partida.

La forma es abordar inteligentemente un gran desafío.

Nuestro desafío como Nación es mover en este juego las piezas con inteligencia, implementando políticas estratégicas efectivas a nuestros intereses.

Para ello, solamente es menester pensar con un sentido nacional.

Sin embargo, también podremos lograr una invalorable ayuda en la definición de estas políticas, simplemente observando y aplicando el análisis crítico sobre las razones que llevaron a otros países, como la Argentina, a un estrepitoso fracaso, habiendo implementado toda la ortodoxia fundamentalista de la Globalización.

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Acerca de Horacio Corbière

Presidente de COINTEC Ingeniero Consultor
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